Emm en la vida de toda persona mas o menos adulta llega el momento de dar el gran salto a la madurez y abandonar el techo familiar xD
pd: NO hablo de los chavones raros esos..que son tremendo fracaso xD y tienen como 40 estan medio pelados ... y todavia viven con su vieja...
Me llego por mail esto... ADVERTENCIA esto puede contener parte de tu futuro... xD
este texto consta de comparaciones entre alguien que todavia vive con sus padres y otra que se fue a vivir sola xD ....disfruten =)
La comida y el uso de la cocina
El que vive con los padres:
Su madre se preocupa por hacerle las milanesas que tanto le gustan, bien sequitas, las papas fritas tiernitas por dentro, los huevos fritos en su punto justo, sin quemar el borde, lo obliga a comer un poco de verdura y para el postre siempre tiene preparado un budín, un flan, un bizcochuelo relleno con dulce de leche o el número de la heladería cara.
La heladera siempre está rebosante de materias primas de excelente calidad y de comidas perfectamente organizadas en tuppers, que entran en el aparato refrigerador con la maestría de un tetris aceitado con vaselina LaRoche Possay.
Jamás levanta un plato, no sabe qué es el detergente y piensa que el escurridor es un estante de la alacena que se salió de lugar y que su madre es tan vaga que lo usa para guardar los platos aún mojados.
El que vive solo:
Se preocupa por alimentarse sólo cuando siente que su estómago se está digiriendo a sí mismo. Lo único remotamente verde que ve en su comida diaria es el hongo que se apoderó del último pedazo de queso que queda. Desde que se mudó que come en las bandejitas de plástico que le trae el delivery, la única vajilla que se preocupó por conseguir fueron vasos para tragos largos, porque el fernet no se cambia por nada.
La heladera es un cementerio de voluntades, es el vacío interior de un iglú abandonado, es la nada iluminada por una lamparita de coté. Hay dos botellas de Coca Cola (una vez más, es para el fernet), una jarra con clericó de la semana pasada, dos vinos de tetrabrick Uvita Fiesta, un paquete de pan lactal que no se banca un carbono 14 y dos rebanadas de jamón tan viejo que su grasa ya echó grasa. Por fuera, sin embargo, parece la calle principal de Las Vegas, llena de carteles casi luminosos de rotiserías, deliverys de pizzas, pastas, comida china, japonesa, taiwanesa, boliviana, peruana y podrida.
Sigue sin levantar un dedo, y todavía falla en entender el proceso que hace que lo que a la noche está sucio sobre la mesa, a la mañana siguiente sigue ahí, sin limpiarse automáticamente. Cree comenzar a comprender cuando asocia el hecho de la limpieza con la visita semanal de su madre, que todavía no acepta que su hijo se fue del nido y la dejó con incontables horas de Utilísima para llenar su vacía existencia y aprender deliciosos platos que llevarle a su crío al departamento.
La distribución del espacio y el tiempo
El que vive con los padres:
No posee un ámbito propio, con la salvedad de su habitación. Considera que debería tener un baño en suite, cosa de poder sacudir el amigo tranquilo, sin tener que salir corriendo porque su hermana se tiene que planchar el pelo para salir.
Asimismo, su habitación le resulta pequeña y con pocos mecanismos de defensa (cualquier momento es bueno para que su madre irrumpa sin tocar la puerta, presenciando el auto-orgasmo más placentero de su vida adolescente), con lo cual constantemente se quejará porque le tocó la pieza más chica.
Empeora la situación si la comparte con algún hermano o, en el peor de los casos (créanme, me pasó) con una bisabuela que se caga caldoso todas las noches porque sus esfínteres declararon piquete.
En cuanto al tiempo, no es dueño del mismo, por supuesto. Su madre lo despierta para que cumpla con sus obligaciones, su padre marca el ritmo de uso del baño cuando caga a la mañana leyendo íntegro el Deportivo del Clarín, su hermanita lo clava los sábados a la noche, quedándose bajo su estricto cuidado. Si la persona sale, tiene que volver a la hora pautada, o será castigado severamente.
El que vive solo:
Sigue poseyendo sólo su habitación como ámbito propio (alquilar un dos ambientes es imposible a esta altura del partido), pero con la salvedad de que su madre no lo despierta más en persona: lo llama por teléfono todas las mañanas para asegurarse que su nene no se quede dormido.
Ahora que tiene un lugar para ponerla tranquilo sin señoras cincuentonas que interrumpan la fellatio, no tiene con quién ponerla. Pasa su tiempo entre FX, lo que el hombre ve, los backstages de Fashion TV y las líneas difusas del codificado canal de Playboy. Lo que pasa es que se desespera tanto al gritar a los cuatro vientos que vive solo, que las mujeres terminan teniéndole miedo y yéndose a desayunar con sus infaltables amigos gay.
En cuanto a los tiempos, ahora se los maneja él. Lástima que no sabe leer la hora en un reloj de aguja y que pasa 1 minuto bañándose con agua fría y 42 tratando de descifrar, mojado hasta la nuez, cómo encender el calefón.